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¿Qué es el mandala de la participación? En la ecofilosofía de Henryk Skolimowski es una figura original e innovadora para explicar los niveles de responsabilidad y compromiso con un universo participativo.

La participación es un valor fundamental para cualquier sociedad que se considere democrática. No importa cómo se explique su importancia (con una escalera, con un gráfico o con un mandala). Lomportante es que la calidad democrática de un país o una organización se pueda constatar en términos de una alta participación política, electoral, social, ciudadana o comunitaria.

Cada uno de estos calificativos presenta importantes diferencias, pero la base es común para cualquiera de ellos: la participación, entendida como instrumento mediante el cual las personas pueden influir en la toma de decisiones sobre aquello que les afecta.

Evidentemente, existen muchas formas de lograr este objetivo. Algunas de ellas se remontan al nacimiento de la democracia occidental: la deliberación, una exposición pública, diversos sistemas de votación, etc. Otras han evolucionado y se han adaptado a los avances científico-técnicos.

La revolución digital también ha introducido nuevos mecanismos de participación que pugnan por consolidarse en los sistemas políticos futuros mediante sistemas híbridos. Ello no implica que exista un consenso acerca del alcance y los límites a la participación en los asuntos públicos. Aunque existen interesantes aportaciones desde diversos enfoques.

Por ejemplo, en modelos económicos como la Economía del Bien Común, la participación democrática es un valor fundacional, que exige procesos de toma de decisiones cada vez más horizontales, transparentes e inclusivos.

Ahora bien, los fundamentos de este valor no han variado sustancialmente. Y es que cuando se habla de participación, se suele recurrir a la metáfora de una escalera. Con distintas formulaciones, se ha repetido durante las últimas décadas. La utilización de esta poderosa imagen se debe a una persona concreta: Sherry R. Arstein.

En efecto, Sherry R. Arstein, educadora y trabajadora social (cuyo verdadero nombre era Sherry Phyllis Rubin) se convirtió en un referente estadounidense como mujer, afroamericana, consultora, activista y servidora pública. Su contribución más conocida es, precisamente, la publicación en 1969 de un artículo titulado “Una escalera de la participación ciudadana”.

En este documento articulaba los diferentes grados de implicación de la ciudadanía en los procesos de toma de decisiones. Recurriendo a la figura de una escalera vertical, enumeraba hasta ocho niveles diferenciados en sentido ascendente (Arstein, 1969: 217):

  1. Manipulación
  2. Terapia
  3. Información
  4. Consulta
  5. Apaciguamiento
  6. Alianza
  7. Poder delegado
  8. Control ciudadano

La idea de una escalera de la participación ha tenido una enorme influencia sobre las políticas públicas, los servicios sociales y la literatura científica sobre esta materia. Y, con algunas variaciones, se ha mantenido estable desde su aparición. Precisamente Prieto Martín ha profundizado en las herramientas y métodos participativos desarrollados durante el siglo XX y coincide en que una escalera es la representación habitual (2010: 47). Así ha ocurrido con la escalera de la participación infantil, articulada por Roger Hart (1992: 8), que se ha convertido en la referencia habitual (y a menudo errónea) cuando se alude a la escalera de la participación ciudadana.

¿Es esta la última palabra en materia de participación? En absoluto. Más recientemente se han formulado alternativas para la concepción original. Como el caso del espectro de la participación pública, desarrollado por la Asociación Internacional para la Participación Pública desde el año 2000.

Sin embargo, sí resulta esclarecedora la vigencia de esta figura. No solamente por su valor pedagógico, sino también por la dificultad para su adecuada asimilación. Una y otra vez, a pesar de los esfuerzos realizados en incontables acciones formativas, resulta imprescindible volver a la formulación inicial. ¿Los motivos? La falta de espacios adecuados para la participación, de un mínimo aprendizaje en cultura participativa o la pérdida de una conciencia comunitaria. Los estragos causados por décadas de una cultura política, económica y socialmente individualista así lo atestiguan.

La esperanza es un viento que nos enlaza a lo lejano, escribió Jorge Guillén en uno de sus poemas. Y siendo así, hemos de anticiparnos a un futuro y a un lugar mucho más alejados a nuestra conciencia actual. Así ocurre con la ecofilosofía de Henryk Skolimowski. Este filósofo polaco, fallecido recientemente, fue uno de los fundadores de esta línea de pensamiento durante los años 90 del siglo XX.

La ecofilosofía, en palabras de su propio autor, es una respuesta frente a la debacle de la filosofía contemporánea. El posmodernismo ha dominado durante las últimas décadas el pensamiento occidental. La identidad y el lenguaje son dos de las notas predominantes en obras y autores. La ecología ha tenido poca relevancia durante mucho tiempo. Las preocupaciones sobre el medioambiente, la naturaleza o la fauna han sido relegadas tradicionalmente al ámbito del activismo ecologista.

Existe una fecunda línea de pensamiento que aborda el ecologismo político desde finales del siglo pasado. En nuestro país, su historia se remonta desde las primeras aportaciones de Manuel Sacristán hasta los postulados más actuales de Jorge Riechmann o Yayo Herrero. No es objeto de esta entrada profundizar en la dimensión política del ecologismo. En realidad, se quiere presentar una concepción filosófica del ecologismo. Que además tiene enormes connotaciones para nuestro equipo.

Así pues, la ecofilosofía se presenta como un nuevo modo de concebir la filosofía. No se trata de un sistema imbuido del pensamiento oriental que deriva hacia posiciones típicas del new age. Tampoco rechaza las contribuciones que el pensamiento científico ha realizado a la sociedad actual. Simplemente reconoce su anquilosamiento. ¿Los motivos? La excesiva dependencia del desarrollo técnico, la obsesión por el carácter analítico del pensamiento y el agotamiento de su concepción mecanicista.

El diagnóstico final de la filosofía contemporánea es que se trata de una filosofía “espiritualmente muerta”. Frente a la misma, opone el mandala de la ecofilosofía (Skolimowski, 2017: 63) con doce características orientadas hacia la vida, la conciencia ecológica, la responsabilidad individual y social y su dinamismo espiritual.

¿Por qué un mandala? En el idioma sánscrito, lenguaje clásico y litúrgico para varias tradiciones espirituales asiáticas, mandala significa círculo. Como tal, es una forma geométrica. Pero también es una representación simbólica con importantes repercusiones científicas, filosóficas y artísticas. Y para este autor constituye la forma que acoge la exhaustividad por antonomasia.

Lejos de concluir su legado filosófico con un nuevo sistema, posteriormente publica otra obra aún más ambiciosa. En La mente participativa (en una bellísima edición de la editorial Siruela), va más lejos todavía. Concibe el propio universo como un sistema totalmente conectado. Se trata de una concepción radical que precisa de importantes condicionantes. Para superar las limitaciones el método científico y de la filosofía contemporánea, es preciso trascender creativamente su racionalidad, su metodología y su epistemología.

Solamente así se puede aprehender una nueva manera de entender el universo. Un universo que es participativo, que se rige por una epistemología participativa, con una metodología participativa y un pensamiento, obviamente, también participativo.

¿Qué implicaciones tiene para quienes trabajamos con metodologías participativas? Se trata de novedad que confirma lo que de manera intuitiva intuimos en nuestras acciones. Que, como venimos defendiendo, “la participación es un aspecto implícito de la totalidad” (Skolimowski, 2016: 212). La participación no se limita a dinamizar, animar o empoderar, sino que cumple objetivos de transformación mucho más profundos.

Este autor concibe la metodología participativa como un proceso alternativo la metodología de la objetividad. La angustia que la humanidad actual sufre actualmente no es sino el velo que cubre su ignorancia sobre los misterios del universo. No somos la sociedad más grande que haya existido (2017: 54). Skolimowski se muestra muy crítico con los avances tecnológicos que supuestamente favorecen la participación. Su postura se anticipa en varias décadas a la situación actual, caracterizada por redes sociales virtuales y dispositivos portátiles que mediatizan todas las dimensiones de la vida humana. Su visión era en general pesimista, pues consideraba que una mayor dependencia de la tecnología empobrecía la capacidad de conectar con la naturaleza y con la esencia humana. Y, a su juicio, esta dependencia degenera en una pseudoparticipación.

La metodología participativa de Skolimowski se representa en forma de mandala (cuya estructura puede observarse en la imagen que ilustra esta entrada. Un mandala que además contiene elementos muy cercanos: participación, empatía o identificación, responsabilidad y totalidad. Cada uno engloba un paso más hacia la comprensión holística del universo. Y, como ocurriera con la escalera de la participación, también incluye niveles de progreso. Pero, a diferencia de la figura de Arstein, únicamente cobra sentido con la interacción constante y permanente de cada uno de sus elementos.

Los niveles que reconoce son:

  1. Participación lineal: es aquella que se produce entre dos elementos (A-B). A través de la colaboración y la negociación se pueden alcanzar objetivos conjuntos. Se trata del nivel más básico.
  2. Participación preprogramada: es aquella que se produce entre tres elementos diferenciados (A-B-C). Se caracteriza por el establecimiento de normas. Tiene dos modalidades, como cuando aceptamos las normas para un juego (participación genuina) y cuando se nos imponen normas que no podemos modificar o alterar (pesudoparticipación). A su juicio, la utilización de nuevas tecnologías sería un ejemplo de esta última modalidad.
  3. Participación plena (o cocreativa): es un escalón superior en el interactúan todos los elementos del mandala (A-B-C-D). Aquí las partes tienen libertad para establecer las reglas y adecuarlas a su contexto.
  4. Participación creativa: es el último nivel, al que señala como proceso genuino de “creación”. La libertad y la creatividad caracterizan su desarrollo. Se trascienden todas las limitaciones de las etapas anteriores, en un sentido que podemos calificar como metafísico.

Así vista, la metodología de la participación no se agota en esta representación. Como parte de la mente participativa, precisa de otros instrumentos para aprenderse y ponerse en marcha (un yoga de la participación). Su contenido será objeto de futuras consideraciones en otras entradas de este blog.

La idea de un mandala de la participación resulta esperanzadora.  Ofrece una visión particularmente optimista del universo. Uno que, aunque pueda parecer ilusorio, no lo es necesariamente. La idea de un universo participativo puede resultar extraña, si bien es más cercana de lo que creemos. En una reciente entrevista, Jerôme Friedman, físico estadounidense premiado con un Nobel por el co-descubrimiento de las partículas quark, afirmó que la cualidad intrínseca de las mismas es unirse a otras. Que no pueden existir en soledad. Y que su naturaleza grupal les lleva a formar estructuras cada vez más complejas.

En definitiva, quizás no sea tan asombroso pensar en un universo participativo. Como planteamiento filosófico resulta apasionante, pero como sentenció el propio Skolimowski, “toda nueva filosofía es por excelencia un reto contra los límites de nuestra comprensión del mundo” (2017: 54).

Bibliografía y referencias

Arstein, S.R. (1969). “A Ladder Of Citizen Participation”. Journal of the American Planning Association, 35: 4, pp. 216-224.

Hart, R. (1992). Children´s Participation. From Tokenism to Cizitenship. Florence: UNICEF.

Prieto Martín, P. (2010). Las alas de Leo. La participación ciudadana del siglo XX. Asociación Kyopol-Ciudad Simbiótica. [http://www.kyopol.net/docs/LasAlasDeLeo.pdf]

Skolimowski, H. (2016). La mente participativa. Barcelona: Atalanta.

Skolimowski, H. (2017). Filosofía viva. La ecofilosofía como un árbol de la vida. Barcelona: Atalanta.

 

Salvador Garrido Soler

Salvador Garrido Soler

Doctor en Derecho. Experto en Mediación de Conflictos y Comunicación

 
“No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, sino tan sólo si marchamos por el mismo camino”. Johan Wolfgang von Goethe.

 

Por mi formación soy jurista y por mis experiencias quiero ir mucho más allá de lo que establecen las leyes. A lo largo de todo este viaje he aprendido que lo más importante son relaciones que forjamos con otras personas y que las normas que regulan estas relaciones deben fundamentarse en el respeto, el compromiso y el diálogo...

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