Esquema Artículo

Rojo-Esquema-ArticulosIntroducción

Verde-Esquema-ArticulosDesarrollo

Negro-Esquema-ArticulosImportante

Naranja-Esquema-ArticulosConclusiones

Morado-Esquema-ArticulosReferencias

“Primero lo justo, después lo bueno”. Así resume Schockenhoff la regla básica para adoptar un juicio ético responsable (2012: 299) .

Esta afirmación se refiere a las controversias suscitadas en el ámbito de la medicina, pero puede ser extrapolable a la mediación que se realiza desde el ámbito familiar, educativo o empresarial. En este sentido, la mejora en el ejercicio profesional de la persona mediadora puede producirse por distintos medios: el intercambio de opiniones entre pares, el reciclaje formativo continuo o la experimentación con nuevas técnicas y modelos.

Además de estos recursos, existen otras fórmulas disponibles, como el acercamiento a nuevas realidades que son proporcionadas por otras disciplinas o saberes. Para quienes defienden una visión abierta del mundo y de las posibilidades que ofrece a diario, esta debería ser una norma básica para adquirir y ejercitar cualesquiera competencias y habilidades profesionales.

Precisamente, la obra citada al inicio de esta entrada en el blog es un buen ejemplo, ya que se trata de un manual de ética escrito por un teólogo católico. ¿Su objetivo? Proporcionar algunas claves acerca de la gestión de los dilemas morales que pueden producirse en las distintas etapas de la vida humana. La eutanasia, la manipulación de embriones humanos o la prohibición de disponer de vidas ajenas para el lucro personal, son algunas de las cuestiones que se tratan a lo largo del libro. Se podrá estar de acuerdo o no con su planteamiento (en función de las creencias personales), pero incorpora una nueva perspectiva que enriquece el debate sobre las decisiones éticas en casos muy concretos.

La necesidad de un juicio ético responsable resulta, según este autor, imprescindible para adoptar una decisión segura y fundada ante un conflicto bioético. Y bien podría trasladarse esta precaución a las sesiones de mediación. Muchas personas, sobre todo quienes son ajenas a esta materia, consideran que la mediación es simplemente una conversación. O un mero trámite, que se interpone entre dos personas que no se hablan, antes de acudir a un juicio.

En realidad, la mediación es un proceso radicalmente ético. Esto es así porque obliga a las personas a tomar partido. Exige adoptar una decisión sobre el conflicto que se está viviendo (y sufriendo). Y ante esta situación, las formas en que una persona afronta un problema pueden ser muy diversas: evitación, competición, acomodación o colaboración. Pero únicamente a través del compromiso es posible un juicio ético responsable, seguro y fundamentado. 

Trasladar a las personas mediadas la necesidad de una decisión consciente puede resultar difícil. Sin embargo, es posible lograr este objetivo gracias a las preguntas que se realiza la persona mediadora. Cortina, cuando se pregunta acerca de la función última de la ética, recuerda que todos los seres humanos “somos nuestros relatos (…) que miran hacia el futuro” (2013: 172). Con las preguntas nuestra historia puede verse alterada, hasta convertirse en una nueva, desprovista de conflicto, que queramos habitar.

Otro recurso interesante son los silencios, puesto que, curiosamente, la mediación es uno de los pocos entre los espacios sociales y los ritos donde el silencio está admitido (Casanova, 1998: 39). Así que bueno será aprovecharlos para estimular procesos internos de reflexión personal que permitan cuestionar los valores personales y sus repercusiones sobre los demás.

Sea a través de preguntas o de un deliberado silencio, para conformar una decisión ética, son necesarios (Schockenhoff, 2012: 304) tres elementos diferenciados (ver Figura 1):

1)      Fines: la justificación de la finalidad de la decisión que se adoptará es el primer paso para una decisión ética (y justa). En el caso de la intervención mediadora, su finalidad será psicosocial y se ajustará al principio de precaución. Esto también es exigible a las partes mediadas, cuya finalidad en el proceso es recuperar su capacidad de decisión sobre el conflicto y empatizar con las necesidades de los demás.

2)      Medios: deben examinarse los medios disponibles a nuestro alcance, más específicamente los avances tecno-científicos y a su idoneidad en un caso concreto. Al pasarlo a mediación, resultará adecuado que la persona mediadora examine su “caja de herramientas” para gestionar cada conflicto. Y las partes mediadas deberán indagar en sus recursos (internos y externos) para ver si pueden comprometerse en la búsqueda de una solución.

3)      Consecuencias: la responsabilidad por las consecuencias de las decisiones que se adopten es el último paso antes de tomar una decisión. En el ámbito profesional, tanto médico como jurídico o psicosocial, se cuenta con una norma deontológica específic. Este instrumento ayuda a modelar la conducta profesional dentro de unos límites precisos; más cuestionable es determinar la responsabilidad de las partes mediadas que desisten, boicotean o renuncian al proceso. En estos casos solo cabe una responsabilidad moral (no exigible por la persona mediadora) frente a la oportunidad perdida de alcanzar un eventual acuerdo que satisfaga a ambas partes.

una regla para el conflicto

Figura 1. Ciclo de formación del juicio ético responsable. Fuente: elaboración propia sobre adaptación de Schockenhoff, 2012: 299. Cita recomendada: Garrido Soler, S. (2017). Una regla para el conflicto. Documento en línea disponible en la url https://cooperaccion.es/juicio-etico-mediacion [fecha de consulta]

 

Nos queda claro que la mediación es una experiencia ética. Nuestros pensamientos, recuerdos, vivencias y valores pueden experimentar cambios durante las sesiones. No en vano, después de cualquier conversación se pueden confirmar las expectativas sobre el proceso, se pueden refutar prejuicios, se puede abrir una ventana a la experiencia o se puede constatar la imposibilidad de un acuerdo.

A ello contribuye la persona mediadora, que con cada intervención debe sopesar sus posibles repercusiones. Y ello por dos motivos, que nuevamente nos llevan al autor citado anteriormente. Primero, porque en caso de conflicto, ante todo debe evitarse un posible daño; y, en segundo lugar, por las infinitas posibilidades que se abren con cada posible respuesta. Y es que, como recuerda frecuentemente Ripol-Millet, ninguna intervención en mediación es neutral y abre un camino distinto que debemos transitar cada vez.

Referencias y Enlaces.

Casanova, O. (1998). Ética del silencio. Madrid: Anaya.

Cortina, A. (2013). ¿Para qué sirve realmente la ética? Barcelona: Paidós.

Kingsley, P. (2013). En los oscuros lugares del saber. Girona: Atalanta.

Ripol-Millet, A. (2011). Estrategias de mediación en asuntos familiares, Madrid: Reus.

Schockenhoff, E. (2012). Ética para la vida. Barcelona: Herder.

Salvador Garrido Soler

Salvador Garrido Soler

Doctor en Derecho. Experto en Mediación de Conflictos y Comunicación

 
“No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, sino tan sólo si marchamos por el mismo camino”. Johan Wolfgang von Goethe.

 

Por mi formación soy jurista y por mis experiencias quiero ir mucho más allá de lo que establecen las leyes. A lo largo de todo este viaje he aprendido que lo más importante son relaciones que forjamos con otras personas y que las normas que regulan estas relaciones deben fundamentarse en el respeto, el compromiso y el diálogo...

Comparte en tus redes sociales

«Lo mejor que podemos hacer por otro no es sólo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas»

(Benjamin Disraeli)

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies,

ACEPTAR
Aviso de cookies

Pin It on Pinterest

Share This