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Pasan los años y en el trabajo en juventud, casi en todos los casos que conozco, sobre todo a nivel municipal me suelo encontrar siempre con el mismo planteamiento: “Los y las jóvenes no participan en nada de lo que hacemos, ya no sabemos que es lo que vamos a hacer para que vengan, solo los cuatro de siempre y los demás no quieren saber nada de nada, con el montón de cosas que hacemos y no quieren venir,…” . Siempre que me hablan de los y las jóvenes lo hacen de manera negativa…
Ante esta situación, siempre recuerdo una frase que leí hace un tiempo y que decía así:

“Esta juventud está malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura”

Texto encontrado en unas ruinas de la antigua Babilonia. Año 4000 A.C.

Yo me pregunto ¿De qué jóvenes estamos hablando? ¿Por qué tienen que venir? ¿Para qué tiene que venir? ¿Qué es lo que estamos haciendo por y para los y las jóvenes? ¿Por qué lo hacemos así?

A nivel general la juventud tienen una serie de servicios e instalaciones a su disposición, servicios que la mayor parte de las veces pasan desapercibidos, que desconocen, otros a los que no acceden por falta de compatibilidad horaria o porque no se sienten identificados con lo que allí se ofrece.
Esto pasa porque las estructuras y formas de intervención no están ajustadas a la diversidad del segmento de población juvenil. Continuamos viendo a los/las jóvenes como una franja de edad sin más y muchas veces estereotipados.
Es solo cuestión de sentido común (aunque a veces este es el menos común de los sentidos) pensar que los y las jóvenes son diversos y diferenciada debe ser su atención.
En el trabajo en juventud las administraciones y entidades deben buscar el máximo aprovechamiento de los recursos y servicios que pueden ofrecerse a los y las jóvenes y para ello no deben negarse a otras fórmulas de gestión de espacios que en la actualidad se encuentran sin utilizar (algunas infraestructuras, locales en desuso, espacios públicos…).
Además debemos revisar la forma en cómo atendemos a nuestros y nuestras jóvenes, las edades, los territorios donde se mueven, el funcionamiento de nuestros servicios más directos hacia ellos, la perspectiva de género y ser conscientes de que no se pueden hacer políticas sólo para una edad (entre 14 y 18 años generalmente) sino que hay que saber que los y las jóvenes son diferentes y se encuentran en situaciones distintas ( no es lo mismo un joven de 14 que uno de 25 años). No todo vale para todos y todas. No creo que se trate de programar actividades de relleno sin sentido, ni objetivo concreto, actividades sueltas por áreas sin crear una conexión entre ellas…no debemos hacer por hacer cosas por cubrir o justificar que sí hemos hecho algo sin evaluar para qué y para quien lo vamos a hacer.
Mal vamos si no basamos nuestro trabajo en juventud en la participación, pero ¡ojo! Participar no es acudir a una actividad organizada previamente, no podemos pretender en el mundo que vivimos que todo lo que hacemos le interese a todos y encontrarnos con masas de gente joven acudiendo a actividades programadas sin contar con sus intereses y necesidades previas y  lo que es peor aún sin contar con la implicación de los y las jóvenes que queremos que vengan a dicha actividad.

Desde mi punto de vista, y basándome en mi experiencia previa, el trabajo en juventud se basa fundamentalmente en educar en una serie de estrategias y competencias concretas basadas en unos valores fundamentales que lleven a un dejar hacer, lo que llamamos empoderar. Se trata de educar para participar.
A participar se aprende y además si queremos que los jóvenes participen debemos de dotarlos de estructuras adaptadas a cada una de las edades con las que trabajemos, servicios de calidad ajustados a sus tiempos y necesidades reales, y sobre todo debemos motivarlos, implicarlos, responsabilizarlos y empoderarlos para que realmente los que hagan programas, actividades, gestionen espacios, etc. sean los propios jóvenes.

Trabajar con jóvenes supone poseer una serie de inquietudes sociales. Debemos trabajar para mejorar la situación, coordinar y difundir formación e información, animarlos, movilizarlos e innovar y transformar pasando de lo individual a lo colectivo.

No tengamos miedo, no nos resistamos a lo que pueda pasar, no busquemos el protagonismo que realmente es de ellos y ellas.
Para saber qué hacer con los y las jóvenes, enseñémosle y dejémosle hacer.

Referencias y Enlaces.

Pérez Serrano, G y Pérez de Guzmán Puya ( 2006): Qué es la Animación
Sociocultural. Epistemología y Valores. Madrid: Narcea,S.A. de
Ediciones.
Pérez Serrano, G y Pérez de Guzmán Puya (2005): El animador.
Buenas Prácticas de Acción Sociocultural. Madrid: Narcea, S.A. de
Ediciones.
Nuñez, T y Loscertales, F(1996): El grupo y su eficacia. Técnicas al
servicio de la dirección y coordinación de grupos”. Barcelona. EUB, S.L.
Herrera Manchen, M (2006: La animación sociocultural: una práctica
participativa de educación social. Revista de Estudios de Juventud, nº74,
74-93.
Herrera Menchén, M (Coord.) (2008): De la idea al impacto. Proyecto y evaluación de la acción con jóvenes. Material didáctico.
Formación del Personal Técnico de Juventud. Instituto Andaluz de la
Juventud. Consejería para la Igualdad y Bienestar social.

http://trabajarconjovenes.blogspot.com.es

 

Rocío Moral García

Rocío Moral García

Pedagoga experta en aprendizaje cooperativo y dinamización socioeducativa.

 
“ – Lo mejor será que bailemos.   – ¿Y que nos juzguen de locos, Sr. Conejo?.  – ¿Usted conoce cuerdos felices? – Tiene razón. ¡Bailemos!”   Lewis Carroll  (Alicia en el país de las maravillas)

 

Cuando lo que de verdad importa es todo lo bueno que te rodea, cuando tienes personas  a tu lado que te impulsan a ser cada día mejor, cuando la pasión es la llama que ilumina todo lo que haces, cuando te invade el compromiso, la responsabilidad y las ganas de aprender, siempre aprender, cuando conviertes la educación en el motor de tu vida...

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“Lo mejor que podemos hacer por otro no es sólo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas”

(Benjamin Disraeli)

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